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martes, 29 de agosto de 2017

«Yo he visto cosas que vosotros no creeríais…». Reseña, a mi manera, del Cubelles Noir 2017.

Yo he visto cosas en el Cubelles Noir que vosotros no creeríais. He visto tambalearse un festival de novela negra, ponerse derecho y despegar a toda hostia hasta la estratosfera a pesar de la barbarie más atroz. He alucinado con el desdoblamiento de Charo González para organizar el desorden de un certamen tocado por la cinética del rayo de la muerte. He visto llenarse de gente hasta rebosar la sala de un centro social para escuchar historias de novela negra. He presenciado el tremendo encabronamiento de José Luis Muñoz con el terrorismo, sobre todo con el terrorismo de estado. He visto manadas de escritores sin ego deambulando por el festival y no parecían afectados por tamaña singularidad cuántica. He contemplado con asombro como un grupo de asistentes al certamen atacaban, sobre un asfalto en llamas, una barrica de vermut a palo seco y como llegaban vivos a la comida. He conocido a Cristina García Ferry, me he hecho una foto con ella y muchos de vosotros no. Jodeos. He asistido a una mesa de Rock & Roll & Noir con botellas de agua para los ponentes. He visto morir asesinado al subcomisario del festival, Agustí Argimón Ribas y a los pocos minutos saludarme con su formidable vitalidad y simpatía habituales. He degustado los estupendos mejillones del Quimet y me he chupado los dedos. Me he llenado de orgullo al ver que José Andres Espelt se dirigía a mi como si nos conociésemos de toda la vida. He visto brillar rayos C sobre el cristal de un vaso de agua sujeto por la mano de Paco Gómez Escribano. He observado atónito a varios organizadores y escritores haciendo el hooligan sobre la plataforma de entrega de premios mientras Nieves Abarca, tranquilamente, levantando la vista del móvil, pronunciaba su famosa expresión: «¡Campo de nabos!».

Todos estos momentos no se perderán en el tiempo, como lagrimas en la lluvia, porque los he grabado en un gran piedro que he enterrado en la ladera del cerro del castillo de mi pueblo, con el fin de hacerles la picha un lío a los futuros arqueólogos.

Es hora de vivir. ¡Larga vida al Cubelles Noir!