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y disculpen las molestias.

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miércoles, 13 de enero de 2016

«El silencio del pantano», de Juanjo Braulio. Reseña.

La novela comienza fuerte: aparece un cadáver dentro de un saco y con el muerto, compartiendo mortaja, hay un mono, un perro, una serpiente y un gallo. ¿Alguien da más? Pues hay más: hay un brigada de la Guardia Civil que investiga el caso y que es gay en un estamento donde  no se puede ser gay, hay una novela dentro de la novela, hay un asesino justiciero que escribe novelas y que cuando padece la sequía del escritor lo soluciona por la vía rápida, hay un capo muy peculiar que controla un entramado de drogas y corrupción y hay una ciudad, donde se desarrolla la trama, que es Valencia, pero que podría ser cualquier otra. Y esa ciudad se asienta sobre un pantano desecado, un pantano en cuyo fondo cenagoso y corrupto se hunden los rizomas de los cañaverales y en cuyas colinas circundantes crecen viejos algarrobos. Cañaverales y algarrobos, los que siempre quedan, los que han estado ahí desde el principio de los tiempos, los de toda la vida, los que siempre permanecen ganen las derechas o las izquierdas, «Los de Siempre».
La trama de El silencio del pantano transcurre sin prisas, pero sin pausa, con abundantes meditaciones del narrador que invitan a la reflexión, introduciéndonos poco a poco en esa atmósfera corrupta y enferma, llena de intereses bastardos y falsas apariencias, que planea sobre el pantano silencioso.
Yo de vosotros no me la perdería.

Gracias por escribir, Juanjo.